Observaciones sobre patas y pezuñas
   
 

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Hay una amplia diversidad de opiniones con respecto a cual es el tipo correcto para las patas y pezuñas y que grado de discriminación o presión de selección debe aplicarse a las distintas desviaciones del ideal.
Resulta necesario castigar a un animal que presenta patas y pezuñas deficientes.
Esto es especialmente cierto en el caso de animales jóvenes que presentan patas y pezuñas extremadamente deficientes, puesto que rara vez resultan animales viejos útiles. Por esta razón, siempre debe tenerse en cuenta la edad con el fin de realizar una evaluación seria.
La cantidad de vacas buenas que deben ser descartadas, por variadas y generalmente justificadas razones no se hace, declinan gradualmente su salud y producción como consecuencia de las malas condiciones de sus patas y pezuñas es mucho más grande que lo que en general se cree o se estima.
Las patas y pezuñas pueden llegar a ser tan defectuosas como para afectar gravemente la capacidad productiva de una vaca.
Las condiciones en que se mantiene el ganado pueden afectar notablemente al conformación de las patas y pezuñas.
Suelos húmedos y pantanosos contribuyen a producir pezuñas blandas, excesivamente desarrolladas con bajas posibilidades de desgaste normal.
Son pocos los animales que poseen patas y pezuñas casi perfectas que se pueden tomar como ejemplos. Una vez que en la mente u ojo del clasificador queda perfectamente establecido el ideal, resulta sumamente fácil detectar las desviaciones. Estas incluyen condiciones que perjudican el movimiento, aspecto y utilidad de los miembros en forma correcta.
Una manera adecuada de caminar resulta esencial desde el punto de vista de la simetría y de la belleza de la conformación, y para exhibir elegancia, coordinación y equilibrio. Quien clasifique, con experiencia, puede predecir en alto grado la condición de las patas y pezuñas después de observar como camina un animal.
Tanto las extremidades posteriores como anteriores son importantes y se describen en forma separada. Las primeras, sin embargo, tienen una importancia mucho mayor que las segundas, recibiendo el énfasis principal.
El hueso de las patas debe ser fuerte y bien definido, con mucha fortaleza, con una constitución del hueso, tendón, ligamento y músculo que permita combinar una buena capacidad de sostén con la aptitud de moverse fácil y en forma ágil. Con el objeto de proporcionar buenas cualidades de uso, el hueso de la pata debe ser duro, plano y fuerte, con un tamaño que es típico y adecuado para la raza o peso del individuo. El corvejón o garrón debe presentarse ancho, limpio y con sus partes anatómicas destacadas.

Los miembros posteriores deben tener un aplomo moderado, lo cual queda indicado por una curvatura ligera. El aplomo correcto, combinado con un hueso fuerte, proporciona a la pata la suficiente elasticidad como para que se mueva delicada y coordinadamente y soporte adecuadamente el peso. De este modo, los garrones y otras articulaciones permanecen limpias y libres de cualquier lesión dura o blanda.

Las pezuñas deben ser moderadamente grandes, con dedos bien redondeados, dispuestos cerca uno de otro, y con un ancho y profundidad considerables en el talón y también en toda la pezuña. Cuando estas características se combinan con una planta plana, la pezuña proporciona una base sólida que funciona correctamente y requiere un mínimo de recorte.

Las cuartillas constituyen una parte importante de la estructura. Deben ser de un largo medio, fuertes pero flexibles. Absorben golpes considerables que harían resentir e inflamar las articulaciones del corvejón y pata en cada paso. Deben unirse a la pezuña armónicamente, tener proporciones adecuadas y presentar una curvatura correcta para dar a la pata un perfil o forma total apropiada.
Toda la estructura de la pata debe estar bien aplomada para asegurar facilidad de movimiento. Desde una vista lateral, las patas deben ser casi perpendiculares entre el corvejón y la cuartilla, pero también deben combinarse armónicamente en la curvatura que describen estas dos regiones. En una vista posterior, las patas deben estar bien separadas y casi rectas.

Los miembros anteriores deben ser rectos y ubicarse bien separados entre sí para dejar un espacio torácico amplio.
Deben moverse delicadamente y, al igual que las posteriores, tener huesos de una dimensión y fortaleza que se corresponda con el resto del cuerpo.

Desviaciones con respecto al ideal

Sin duda, no existe otro punto de la conformación que presente tantos grados de desviación como las patas y pezuñas. Esto se debe a la complejidad de la estructura y al hecho de que las diferentes partes pueden sufrir cambios con la edad y/o con diferentes ambientes o condiciones de manejo.
Una pezuña que carezca de profundidad (altura), vertical, especialmente en el talón, se vuelve plana y necesita recortes frecuentes. También queda sujeta a otros problemas puesto que disminuye su resistencia. La poca profundidad del talón predispone a que las distintas infecciones, particularmente las que causan la podredumbre de la pezuña, provocando una serie de problemas para el productor. La infección necesita de un tratamiento veterinario, consume tiempo valiosos y frecuentemente reduce la presentación de celos, producción láctea y/o el peso corporal.
Una pezuña deficiente puede ejercer una gran influencia en la forma de la pata, le modifica el apoyo, especialmente al envejecer el animal. De la misma manera, una pata mal conformada puede tener un efecto marcado en la forma de la pezuña, en el crecimiento del tejido de éste, en la planta y en el modo en que se produce el desgaste de ella.
Cuando, tanto la pezuña como la pata son deficientes, los efectos perjudiciales se acumulan y se vuelven más pronunciados. Las pezuñas pequeñas, que no proporcionan suficiente superficie de sostén, resultan objetables.
Se aplica una discriminación grave a la condición en que los dedos están constantemente separados y excesivamente abiertos. Esto por lo común provoca alteraciones en la región comprendida entre los dedos y también en el talón.
Una pezuña blanda y esponjosa da lugar a grandes problemas. Las paredes que se han ondeado bajo la pezuña, ocasionan una presión excesiva sobre las partes sensibles de ésta. La presión ejercida sobre alguno de los nervios que terminan en las partes delicadas de la pezuña hace que el animal cambie la posición del pie y, como consecuencia, se produzcan tensiones severas en ciertos tendones, ligamentos y músculos. La presión artificial en ángulos anormales estimula a menudo una secreción excesiva en las vainas y bolsas del tendón, lo cual produce un daño gradual a la región, como lo indican las articulaciones inflamadas y entumecidas, así como al aparición de trastornos en las patas y cuartillas. La descalificación se justifica plenamente, puesto que dicha condición afecta la salud y capacidad productiva de la vaca. Resulta probable que se afecte tanto el sistema endocrino y digestivo como también la salud general.
Desde un punto de vista práctico, el énfasis otorgado a las patas y pezuñas, y la discriminación que impone la selección contra la conformación deficiente, se justifica plenamente, ya que posee una importancia económica considerable.
Las cuartillas pueden ser demasiado largas, demasiado débiles, mal conformadas, inflamadas o quebradas.
Como constituyen una parte importante de la conformación, se aplica una discriminación grave para las desviaciones notorias con respecto al ideal. La condición de las cuartillas han incidido en determinar variaciones en las posiciones de la clasificación.
Una pata trasera curva (con forma de hoz) constituye un defecto grave y, si la condición es pronunciada, será severamente castigada al ser calificada .
Como existen muchos grados de patas curvas, la discriminación aplicada oscila entre ligera y grave según el grado de desviación observada. Esta condición determina debilidad y, por lo tanto, es importante. El peso se ejerce demasiado atrás del talón, lo cual ocasiona problemas en la pezuña.
En contraposición, la pata puede ser demasiado derecha, de modo que se pierde la elasticidad del corvejón y de la cuartilla.
Esta condición, que consiste en patas demasiado rectas (envaradas), causa que el animal se mueva en forma rígida puesto que no hay independencia de movimiento de los huesos, lo cual a menudo resulta en renguera a causa de la inflamación de la articulación. En los estados iniciales puede observarse cierta hinchazón en torno a la articulación del corvejón, mientras que hacia el final se hace visible una inflamación severa en dicho lugar y frecuentemente también en la cuartilla o en la región inmediatamente por arriba de la pezuña.
La articulación del garrón debe ser ancha y fuerte, pero también bien delineada, refinada y moldeada limpia y agudamente, de manera que tenga libertad de movimiento y proporcione facilidad y elegancia en el caminar. Garrones débiles o imperfectamente colocados resultan objetables y merecen una discriminación de ligera a grave.
Las patas también pueden juntarse mucho a la altura del corvejón cuando el individuo está parado o camina. En este caso, se forma un ángulo deficiente en la articulación del corvejón y de la cuartilla , provocando la aparición de tensiones anormales en las mismas. Como ésta por lo general es la causa de que las pezuñas traseras apunten hacia afuera, es posible observar la desviación desde el costado o desde atrás. Esta última vista es, sin embargo, la más adecuada para una evaluación correcta.
En el caso de los miembros anteriores, las desviaciones con respecto al ideal y el grado de discriminación son las siguientes: rodillas abultadas hacia adelante (grave); rodillas dispuestas hacia atrás (ligera); rodillas golpeadas, rodillas que se juntan y dedos hacia fuera (ligera a grave) ; patiestevado, patas arqueadas hacia fuera y dedos dirigidos hacia adentro (ligera a grave); patituerto con dedos apuntando hacia afuera (moderada); hueso débil y demasiado refinado (ligera a grave); patas demasiado juntas, determinando que el espacio torácico sea insuficiente (ligera a grave); pezuñas y cuartillas deficientes, según como se describió anteriormente para las patas y pezuñas traseras.
Las patas y pezuñas deben observarse mientras el animal está caminando y mientras está parado. Una marcha desgarbada, con cojera o a tirones indica imperfecciones de la conformación que deben evaluarse para determinar la discriminación correcta a aplicar. Por ejemplo, la artritis recibe una discriminación grave, tanto para toros como para vacas, puesto que incide de modo marcado en la utilidad de ambos.


También es preciso considerar las proporciones generales de las patas.
En animales más pequeños se perciben menos inconvenientes, han recibido menos atención y énfasis en las patas y pezuñas puesto que las desviaciones causan menos problemas en un animal liviano que en uno pesado.
La implantación de las patas traseras, especialmente en animales jóvenes, puede fortalecerse considerablemente por el ejercicio continuo, deben considerar la influencia que tiene el ejercicio sobre la fortaleza de las patas y la implantación de los corvejones.
A los toros se les exige mas presión de selección y se es más riguroso en la calificación de patas y pezuñas que con las vacas.
Este criterio se justifica porque un toro lleva más peso y porque a través de la herencia puede transmitir a su progenie patas y pezuñas malas o buenas. Por consiguiente, resulta lógico comenzar un programa de mejoramiento con los toros, puesto que ellos presentan individualmente una influencia mucho mayor en un programa de cría.
El corvejón derecho, antes descrito, resulta un defecto grave en los toros destinados a la monta porque la pata puede torcerse hacia delante en la región del corvejón al realizar el servicio.
Esto puede producir una claudicación grave y limitar la vida útil. En casos extremos, las articulaciones del corvejón se inflaman. Un toro grande y pesado puede responder a esta condición trasladando el peso de un lado a otro. Si la dolencia se agrava, se incrementa la frecuencia de este traslado, hasta que el movimiento se vuelve rítmico, similar al que realiza un ciclista. A las pocas semanas de estar haciendo esto, el toro queda en condiciones tan deficientes que le cuesta mucho moverse y estar de pie.
La evidencia de artritis o calambres en las patas traseras merece una discriminación grave, especialmente en toros., puesto que incide negativamente en la aptitud para los servicios. Esta condición puede observarse mientras el animal está caminando y a veces mientras está parado, pero particularmente cuando se encuentra en movimiento.